La Diaria - crítica del disco Trampolín

Flamante y con inminente presentación llega el disco Trampolín, de
Santiago Montoro, una edición independiente con el apoyo del Fondo Nacional de la Música. Montoro a primera vista aparece como guitarrista, pero, ahondando en su biografía, devela facetas que lo definen como un músico completo: guitarrista, compositor, cantante y productor, aunque siga siendo más conocido por su rol con las seis cuerdas, junto a Rossana Taddei, Tatita Márquez o más recientemente Nico Oyarsa; muchos no saben que integró La Sonora del Sur y Luanda, o que a raíz de su participación en el II Festival de la Canción de Montevideo (1997) en el que resultó finalista, se publicó su primera canción, titulada “Thelonious Monk”; o bien que fuera coautor de “3 balas en el tambor”, hit de consumo interno y un poco más de La Sonora del Sur.
Claro, es que con la llegada del nuevo siglo Montoro se fue a España, donde permaneció por una década alejado de la escena uruguaya, aunque no por eso en silencio, y es precisamente allá donde debutó discográficamente con su álbum Vida breve (2001), al que le seguiría Autovía del sur (2006). Y es allí también donde además de participar en varios festivales, su canción “Vida breve” fue seleccionada para ser grabada junto a Jorge Drexler en un disco de músicas del mundo publicado en beneficio de un proyecto de la ONG Médicos del Mundo. También es en el viejo continente donde gira junto a Rossana Taddei, Gustavo Etchenique y nada menos que Jorge Flaco Barral, interpretando las canciones de Taddei por varios escenarios; pero Montoro un día volvió, y Trampolín es el resultado.
Un disco estilísticamente ecléctico, que lo presenta aquí con un pie como cantautor y otro como solista con banda, dualidad que Montoro explota según sople el viento, o por decirlo de otra manera, en algunas canciones se coloca a sí mismo bien al frente y en otras más en banda o integrado a lo grupal. Es que hablamos de un muy buen guitarrista, factor no indispensable para los hacedores de canciones, pero sí algo que puede incidir en el compositor, quien habitualmente queda relegado ante la ductilidad del intérprete, sobre todo en cuanto a letras se refiere, aunque no sea éste precisamente el caso más
extremo.
En su debut de principios de siglo, Montoro incluía entre sus propias canciones versiones de otros autores: “Válgame Juana”, de Kiko Veneno, “Tu voyeur “, de Jorge Drexler, y “Hay veces”, de Gastón Ciarlo, compositores -principalmente Veneno y Drexler- a los que si les sumamos un poco de reggae y un poco de rock, definen bastante bien al músico que hoy nos ocupa, en el que es permeable también la rumba, la MPB y hasta un poco La Vela Puerca.
11 canciones componen Trampolín, 11 canciones pop bien arregladas, interpretadas por un buen combo musical -Gustavo Etchenique, Federico Blois, Nacho Mateu y el propio Montoro- que también incluye varios invitados, como Hugo Fattoruso, Rossana Taddei -coautora de dos canciones-, Mateo Moreno, Sebastián Larrosa, Fabián Pietrafesa, Tatita Márquez, Guillermo Daverede y Camila Montoro (su propia hija), entre otros, todo bajo la producción magistral de Nacho Mateu.
 
Con “Náufrago” se abre el álbum, en medio de hermosos piques de guitarra folk, mientras canta: “Soy un náufrago perdido en la huella de los días / que faltan por vivir/ yo no creo en el destino y no importa lo que esconda / pero sé que es así / Mi soledad / aguarda tendida ante tus pies”. Sigue “Trampolín”, exquisita rítmicamente y no menos melódica, para luego dar paso a “No corras tanto”, groovera y con toques de música disco, ideal para la bola de espejos, donde Mateo Moreno y su bajo deleitan.
Luego “Mariamaría”, anteriormente incluida en Autovía del sur, reggae en su máxima expresión, que, en estilo y metafóricamente, devela la identidad de “María”. Después “Salario mínimo”, más en plan cantautor, igualmente efectiva y rumbera, acústica y a puro cajón con escobillas, sutil. En definitiva, un disco fresco más para la cada vez mayor oferta vernácula, que depende de la efectividad de Montoro en su difusión para traspasar el círculo íntimo, la jugada más difícil para un músico interesante pero de bajo perfil. Un álbum atractivo que merece atención y ser difundido tanto como defendido en vivo, que entrará sin que lo pienses en tus oídos por su
 melódica e interpretativa, mientras el cantor se acomoda para llegar con su voz. Trampolín se presentará el jueves 9 de mayo a las 21.00 en la sala Zitarrosa. ■
Mauricio Bosch